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Así que no temáis

Asi-que-no-temais

Por Amanda Ugarte

Hace algunas semanas atrás, percibimos que en el patio trasero de mi casa había un pequeño canario. No era un pajarillo cualquiera y estaba muy bien cuidado. Sus plumas eran de un color amarillo radiante, pero se notaba bastante perdido a diferencia de un pajarillo normal. Este canario claramente no estaba donde había crecido, seguramente había escapado de la jaula donde sus dueños lo habían mantenido fuera de peligro.

Intentamos tomarlo y retenerlo para meterlo dentro de una caja y que así no fuera víctima de algún gato que lo descubriera y devorara. Nuestra idea era salvarlo de sus depredadores y poder encontrar rápidamente a sus dueños, pero el pajarito no nos dejaba que lo salváramos aunque lo intentamos una y otra vez y él confundido volaba de un lado a otro. De repente el pajarito voló lejos y se introdujo en la casa de nuestra vecina, quien tiene muchos gatos como mascotas. ¿Por qué el pajarito no se dio cuenta que intentamos salvarlo? ¿Por qué el pajarito reaccionó a la defensiva? ¿Cuántas veces hemos reaccionado nosotros de la misma manera?

Estamos en un mundo que cada día está más contagiado de malas influencias, de las que a veces es imposible escapar. Los compañeros, los programas de televisión, las redes sociales, etc., nos hacen alejarnos de la paz que nos entrega Dios. Esto se asemeja a ser la jaula de aquel pajarillo que lo libra de los gatos y a nosotros nos libra de ser atormentados en nuestra vida. Dentro de aquella “jaula protectora” nuestro Padre cuida de nosotros y mantiene nuestras plumas hermosas, brillantes y limpias. Dentro tenemos protección y estamos en paz porque nuestros adversarios difícilmente pueden entrar. Pero cuando se abre aquella “jaula” y tenemos la oportunidad de escapar lamentablemente lo hacemos.

Muchas veces no sabemos que se nos deparara fuera de jaula de protección. La vida fuera de la jaula se ve libre, divertida e interesante para aprender cosas nuevas. Es muy tentadora esa “libertad”, pero no percibimos que puede ser nuestro lecho de muerte. Las personas que están preocupadas por nosotros y quieren devolvernos a nuestro Dueño, las sentimos como malas y desagradables. Pensamos que ellas quieren quitarnos nuestra libertad y volvernos a aquella jaula, mientras que solamente quieren salvarnos, pero nosotros no lo percibimos. Finalmente cuando ya nada queremos con la jaula y decidimos permanecer “libres” nos introducimos en nuestra propia tumba.

“¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre. Pues bien, aun vuestros cabellos están todos contados. Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:29-31).

Dios nos quiere cuidar, pero producto de nuestro libre albedrío podemos llegar a tomar decisiones erróneas que nos aleja de nuestro Padre Creador y Protector. ¿Cuántas veces nos alejamos del bien neciamente? Inconscientemente llegamos a ser como el pajarillo que se escapa de la jaula. Obviamente podemos volver y nuestro Dueño nos cuidará y nos dará la paz y la tranquilidad. Pero también es posible que volvamos a escapar y que esta vez no volvamos.

Podemos creer que “salir de la jaula” es hacernos libres, pero ¿cuál es nuestra verdadera libertad? Jesús al hablarle a los judíos que creyeron en él, les mencionó: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, al oírlo ellos, sin entender, respondieron que jamás habían sido esclavos de nadie, ¿cómo podrían ser libres si ya lo eran—en su punto de vista? Y Jesús les respondió: “De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31-36).

Así mismo el rey David al darse cuenta de los pecados que había cometido contra nuestro Padre, rogó a Él para que tuviera misericordia de sí y que librara su alma del mal: “Vuélvete, Jehová, libra mi alma, ¡sálvame por tu misericordia!, porque en la muerte no hay memoria de ti” (Salmos 6:4-5).

Como mencioné anteriormente, puede haber personas que nos quieran ayudar a volver a nuestro dueño. Inclusive, ¡cuántas veces podemos ser nosotros mismos aquellos que queremos ayudar pero no nos dejan! Debemos apoyarnos entre nosotros mismos, pero también debemos aceptar el apoyo sin malicia. En esta etapa de la juventud tenemos las peores influencias fuera de la iglesia que nos presionan a ser como aquel pajarillo que se fugó de su jaula y lo encontramos en el patio de mi casa.

Entonces jóvenes, ¿que elegimos, nos quedamos en la jaula o buscamos nuestra libertad? Pidámosle a Dios de su discernimiento para darnos cuenta cuál es nuestra verdadera libertad. Nuestro Dueño, Dios, nos quiere cuidar y proteger en su jaula. No escapemos para ir tras nuestra muerte.

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