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Cristo también aprendió la obediencia

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Si pensamos en cómo está conformada la familia, nos daremos cuenta que cada miembro tiene un rol específico dentro de ésta. El padre tiene su rol, la madre el suyo y los hijos el suyo. Para que la familia funcione y haya armonía entre sus miembros, cada quien debe cumplir su rol adecuadamente y estos roles no se pueden intercambiar porque Dios lo estipuló así y Él sabe que sólo de esta manera puede funcionar una familia.

Al igual que en un trabajo, en donde cada quien desarrolla habilidades específicas de acuerdo a su labor y al cabo del tiempo termina siendo un especialista en su tarea, en la familia cada uno de sus miembros debe aprender y hacerse especialista en el cumplimiento de su rol y desarrollar las características de un buen padre, una buena madre o un buen hijo, respectivamente.

Aunque parezca absurdo mencionarlo, sólo los hombres que se casan deberían llegar a ser padres y ellos tienen la obligación de ser el sustento para una familia, de trabajar y esforzarse mucho para que nada falte a su familia. Por otro lado, sólo las mujeres que se casan deberían tener la oportunidad de ser madres con todo lo que esto conlleva, la crianza de los hijos, su cuidado, el cuidado del hogar, etcétera. Es obvio que un hombre no podrá ser una madre y una mujer no podrá ser un padre. Hay características y habilidades que Dios ha permitido que su desarrollo sea más fuerte para un cierto género, probablemente porque son los que más lo necesitan o porque se están preparando para realizar labores distintas en la vida espiritual.

Lo que debería llamarnos la atención, no todos los seres humanos tienen la oportunidad de ser padres o de ser madres, absolutamente todo ser humano que haya existido alguna vez ha sido hijo. Incluso Jesucristo cuando se hizo carne se identificó como el Hijo de Dios y no adoptó nunca el rol de padre o de madre. Y como todo hijo, debió desarrollar la característica más difícil pero a la vez la más importante que un hijo debe aprender: la OBEDIENCIA, como dice Hebreos 5:8: “Y aunque era hijo, por lo que padeció aprendió obediencia”.

Si nos detenemos a pensar, podemos darnos cuenta que la obediencia se nos exige desde muy temprana edad, es además un mandato de Dios, por lo tanto es el primer paso para alcanzar la semejanza de Dios. Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Su imagen ya está en nosotros, por el hecho de ser seres humanos. Sin embargo, nadie tiene aún la semejanza completa de Dios. Para alcanzar su semejanza debemos desarrollar el carácter perfecto y justo de Dios, cosa que requiere un esfuerzo personal y sujeción de nuestro libre albedrío para hacer la voluntad de Él. Al aprender a obedecer a Dios estamos en camino para alcanzar ese carácter y así ser más y más a su semejanza. En este proceso de adquirir la semejanza de Dios debemos empezar desde muy temprana edad y el primer paso que debemos dar es practicando la obediencia primero hacia nuestros padres.

La obediencia a nuestros padres Dios la exige (Efesios 6:1), porque si no somos capaces de obedecer a nuestros padres físicos, mucho menos seremos capaces de obedecerle a Él. Curiosamente en ninguna parte de la biblia se ponen condiciones para obedecer. La biblia nunca dice: “obedezcan a sus padres si…”; es una obediencia incondicional. La peculiaridad de esta ley es que tenemos un tiempo muy corto para practicarla, solamente mientras seamos hijos, y fundamentalmente mientras vivamos bajo el techo de nuestros padres y dependamos de ellos. Cuando nos vayamos de la casa ya será muy tarde para empezar a cumplir con esta orden. Será muy tarde para desarrollar este pilar fundamental del carácter de Dios.

La oportunidad que tenemos para aprender esta virtud y desarrollarla es ahora y no podemos desaprovecharla. Incluso para la gente que no conoce a Dios y que después tendrán su oportunidad de conocerle, la oportunidad de obedecer a sus padres es sólo una y es durante la niñez, en su vida física.

Al darnos a todos la oportunidad de ser hijos una vez en la vida, Dios nos está dando la oportunidad de aprender la obediencia, conozcamos o no conozcamos a Dios, sepamos o no cuál es el objetivo de la obediencia. Esta oportunidad es sólo una y debemos tomarla ahora. Si hay mucha gente en el mundo que obedece a sus padres sin saber por qué, ¿cuánto más nosotros deberíamos hacerlo porque sabemos los beneficios reales que trae la obediencia?

Si nos estamos preguntando: “¿Cómo puedo asemejarme a Dios siendo obediente, siendo que Dios el Padre no obedece a nadie?” Es verdad, Dios el Padre no obedece a nadie porque no existe ser que tenga más autoridad que Él, pero Dios no nos pide que obedezcamos sólo porque sí, sino porque la obediencia es una de las tantas manifestaciones de la humildad, es una de las formas de ser hacedores de la palabra de Dios. No podemos negar que Dios es infinitamente humilde. Basta con pensar que por más que lo decepcionemos siempre nos perdona y nos acepta como hijos suyos. Entonces, si Dios trabaja con los humildes (1 Pedro 5:5) y siendo obedientes mostramos a Dios que somos humildes, Él trabajará con nosotros siempre y cuando seamos obedientes a la autoridad y en particular a nuestros padres. De otra manera le estaríamos mostrando a Dios que somos soberbios, que no nos sometemos a la autoridad y que no nos queremos asemejar a Él, y como consecuencia dejará de trabajar con nosotros.

Es por esto que debemos mejorar la relación con nuestros padres, ya que Dios se vale de esta relación para probarnos. Él quiere ver cómo reaccionamos a las órdenes que nos dan nuestros padres. Dios quiere ver qué es lo que realmente está en nuestro corazón. Si somos obedientes y respetuosos no sólo les demostraremos buena disposición a nuestros padres sino también le estaremos mostrando humildad a Dios. De esta manera, al tener una buena relación con nuestros padres nos llevará también a tener una buena relación con Dios. Nuestro Creador construyó la relación padre-hijo para que sea un reflejo de nuestra relación con Él mismo. Obedecer a nuestros padres es una oportunidad que debemos tomar ahora para mejorar ahora nuestra relación con Dios.

Te invitamos a que revises los siguientes artículos en VidaEsperanzayVerdad: Esto se hace porque… Lecciones que aprendí de mis padres y Cómo honrar a nuestros padres en la edad adulta.

Por Saúl Langarica Chavira

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