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¿Eres valiente? o ¿eres cobarde?

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Por Daniel Sepúlveda

En la actual sociedad que nos ha tocado vivir ya casi nadie se cuida de hacer lo que Dios ordena. Toda la humanidad o casi toda la humanidad hace, dice, piensa y siente como le parece más apropiado y de acuerdo a su beneficio.

Matar está mal dependiendo de quién lo haga. Vender armas está mal dependiendo de quién las vende. Robar está mal dependiendo de quién roba. Todo es muy relativo y en términos morales los juicios sociales o colectivos están muy apartados de lo que Dios nos ha enseñado sobre lo correcto y lo incorrecto.

En nuestros colegios, en nuestros trabajos, en nuestras universidades nadie intenta hacer la voluntad de Dios. En las calles, en los supermercados, donde quiera que vayamos todos viven sin considerar a Dios ni su ley. Algunos respetan cinco de los 10 Mandamientos. Otros respetan siete, otros ocho, otros nueve. Incluso muchos abiertamente dicen no creer en Dios ni nada de lo que diga la Biblia, es decir, no respetan ningún mandamiento.

Pero siempre podremos encontrar a algunas pocas personas que respetan los 10 Mandamientos.

Pero, ¿cómo vivir obedeciendo a Dios en una sociedad tan abiertamente contraria a Él? ¿Cómo caminar con Dios sin verse afectado por el entorno? O ¿cómo ser un joven de Dios en un mundo que no quiere relacionarse con Él?

Debemos primero estar en acuerdo que esto no es tarea sencilla, no es fácil. Incluso podemos asegurar que no hay humano que con sus propias capacidades logre vivir como Dios dice que vivamos.  Nadie puede, nadie lo ha logrado y nadie lo logrará. Pero entonces, ¿Dios nos está pidiendo hacer algo que Él sabe que es imposible de lograr? Él, sabiendo que es imposible, ¿aun así nos pide que vivamos en acuerdo a sus leyes, a su Palabra y a su verdad? La respuesta es un enfático sí.

Dios nos llama a ser como Él en un mundo que no quiera nada con Él. Nos pide que obedezcamos su ley, viviendo en un mundo que ha desechado su ley. Quiere que pensemos como Él, viviendo en un mundo donde nadie quiere saber cómo piensa Dios. Incluso, Él nos invita a ser parte de su familia en este mundo donde gobierna alguien que quiere destruir todo concepto de familia “tradicional”.

Hasta aquí todo se ve adverso y complicado. Es más sencillo desistir y mejor vivir como todos viven. Pero como bien sabemos, este Camino no es para cobardes, ES PARA VALIENTES.

Ahora ya sabemos lo que debemos hacer, en dónde debemos hacerlo y en qué condiciones debemos hacerlo. Para los verdaderos interesados, ahora vienen buenas noticias.

Dios, sabiendo este escenario, puso a disposición de los comprometidos con Él toda clase de ayudas y beneficios. El primero y más importante, el ESPIRITU SANTO está disponible para el pueblo de Dios luego del sacrificio de Jesús. Este sacrificio no sólo nos da acceso al Espíritu Santo de Dios, sino además reconciliará a la humanidad completa con Dios.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

El versículo anterior nos enseña que Dios entregó a su Hijo por la humanidad completa, no sólo por algunos, no sólo por la mitad… por la humanidad completa. Esto es muy revelador, ya que significa que todos estamos considerados en la mente de Dios y las condiciones adversas de hoy son sólo temporales.

Ahora, una vez que contamos con el Espíritu Santo podemos hacer frente a la sociedad y a nuestra propia naturaleza débil y vivir como Dios nos pide vivir, pensar como Él piensa, y sentir como Él siente. Tenemos acceso a su sabiduría, tenemos acceso a su verdad, comenzamos a ver el mundo de otra manera, ya no como una amenaza, más bien como una circunstancia pensada y creada para que podamos desarrollar el carácter de Dios en nosotros. Además, se nos da la certeza de que Dios se encarga de ayudarnos en todo lo necesario para que tengamos éxito en nuestra misión.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Volvamos entonces a las preguntas iniciales: ¿cómo vivir obedeciendo a Dios en una sociedad tan abiertamente contraria a Él? ¿Cómo caminar con Dios sin verse afectado por el entorno? O ¿cómo ser un joven de Dios en un mundo que no quiere relacionarse con Él? La respuesta es más sencilla ahora. La única forma de lograrlo es acercándonos a Dios y Él nos mostrará la forma de vencer. Él abrirá puertas y cerrará puertas, mostrará el camino, nos dará fuerzas cuando nos falten y nos dará ánimo cuando nos abrumen los obstáculos. Debemos sí mantenernos lejos del pecado, del modo de vivir pagano. Debemos sí hacer todo lo que esté a nuestro alcance para agradar a Dios.

Es probable que sí nos veamos afectados por el entorno un poco. Es probable que sí nos desanimemos al ver cómo todo se opone a que obedezcamos a Dios. También puede que tengamos miedo al ver que nuestra juventud no nos ayuda a estar cerca de Dios. Pero todo esto se termina al decidir que queremos ser valientes. ¿Queremos ser valientes o actuaremos de manera cobarde? todo puede resumirse en esa pregunta.

¿Tengo la suficiente valentía para tener fe en Dios? ¿Tengo la suficiente valentía para ver el mundo no como un obstáculo sino como un campo de entrenamiento? ¿Tengo la suficiente valentía para comprometerme con Dios y tener acceso al Espíritu Santo? Todo empieza con una declaración de qué queremos hacer. Todo se resume en cómo queremos vivir nuestra vida. Dios nos da la oportunidad de definir nuestra existencia en base a esta decisión. Entonces lo tendremos a Él de nuestra parte.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

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