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La ley del pecado

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Por Daniel Sepúlveda

Existe un tema que la humanidad completa desconoce o no entiende. Este tema es, saber qué consecuencias tienen en nuestras vidas las leyes que Dios dejó para la humanidad, leyes espirituales que rigen nuestra existencia. Por lo general todos sabemos que existen leyes físicas que gobiernan el universo completo y en la medida que se profundiza en el estudio de lo existente, es más claro para todos que estas leyes son invariables, constantes, perpetuas y reales. Es impresionante advertir también que existen dimensiones aún desconocidas de estas leyes, me refiero a las leyes que rigen la gravedad, los campos eléctricos y magnéticos y otros fenómenos físicos que podemos observar. La ciencia diariamente se esfuerza para extender y mover la frontera del conocimiento para comprender más estas leyes físicas, pero aquí hago dos preguntas, ¿Por qué al parecer no existe el mismo esfuerzo para entender las leyes espirituales que Dios nos dio? ¿Por qué razón este conocimiento espiritual no nos parece interesante?

Tal parece que el estudiar las leyes que rigen el universo y el mundo físico es mucho más interesante y académicamente atractivo que estudiar las leyes que rigen nuestras vidas. Como bien sabemos, a nadie le gusta que le digan qué hacer y mucho menos cómo pensar, pero es aquí donde se comete el primer error. De la misma forma que las leyes físicas gobiernan el mundo físico y le dicen cómo debe funcionar, las leyes espirituales fueron creadas con el único propósito de decirnos cómo hacer para que podamos  funcionar como humanidad de manera correcta y apropiada. Obedecer estas leyes, sin lugar a dudas, traería para la humanidad múltiples beneficios: se terminarían las guerras, los homicidios, el hambre, las adicciones, la corrupción y todos los males que hoy tienen a la humanidad sumida en la miseria. Ahora, no obedecer estas leyes, quebrar esta ley, en la Biblia se le llama pecado. Este verbo conjugado continuamente en todas las personas, singular y plural, nos ha llevado al estado actual de nuestra civilización con guerras, hambres, pestes y otros muchos males.

Aunque muchos no lo reconozcan, pecar nos trae a todos, bebes, niños, adolescentes, adultos y ancianos muchos problemas que son muy difíciles de resolver. El pecar destruye matrimonios, infancias, vidas, desgarra el corazón de quien sufre la pérdida de un ser querido asesinado, destruye amistades de años, amenaza la confianza, atenta contra la autoestima, elimina el autocontrol, destruye la inocencia y amenaza de muerte a la humanidad.

El pecado debe ser analizado profundamente. Tendemos a pensar que las consecuencias negativas de pecar solo afectan o deberían afectar a quienes creen en la existencia de Dios. Paradójicamente las leyes físicas afectan a toda la materia existente. No hay galaxia, estrella o planeta que no se vean afectados por ellas. Las leyes espirituales rigen sobre toda la humanidad y no existe un ser humano que pueda evitar sufrir las negativas consecuencias de pecar—lo reconozca o no—, la única diferencia existente es que el hombre puede decidir obedecer o no, no así el universo.

Aunque parezca más entretenido y motivador el estudiar cómo funciona la materia, debemos también poner mucha atención y estudiar cómo funciona lo inmaterial. Debemos analizar cómo funcionan mis actitudes, mis sentimientos y deseos, mis intenciones. No tiene sentido saber cómo funciona el universo si no tengo idea como funciona mi vida.

Proverbios 14:9  “Los necios se mofan del pecado; mas entre los rectos hay buena voluntad”.

No debemos menospreciar lo que el pecado implica y tampoco debemos olvidar las bendiciones asociadas a la obediencia de la ley de Dios. Dedicamos muchos años de nuestra vida a estudiar matemáticas, física, química y muchas ciencias que sin lugar a dudas nos ayudan a entender el mundo que nos rodea, pero deberíamos dedicar también tiempo a estudiar qué dice Dios sobre lo que está dentro de nosotros, en nuestro espíritu humano y en nuestra forma de pensar y de ser.

El pecado es un tema serio que tiene la capacidad de destruir nuestras vidas. Dediquemos tiempo a entender más acerca de este tema y dediquemos más tiempo a apartarnos de él, tal cual Dios nuestro Creador espera que lo hagamos.

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