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La primera condición para alcanzar el éxito

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Uno de los folletos que personalmente más recuerdo de los muchos que escribió el señor Herbert W. Armstrong, es el de Las siete leyes del éxito, el cual mencionó en múltiples artículos. Y es que sencillamente la mayoría de las personas no sabe, no practica ni aplica en su vida una sola de estas leyes.

En este folleto, la primera ley de la que se nos habla consiste en tener el OBJETIVO CORRECTO. Dicho objetivo comprende el conocimiento del propósito de la vida, la razón por la cual nuestro Creador hizo que usted y yo naciéramos, y por ende, la razón por la que tenemos el aliento de vida que nos permite existir.

Enfocar nuestro objetivo de manera correcta, nos permite definir nuestro propósito en la vida, ya que nos remite al propósito maravilloso por el cual Dios nos dio el aliento de vida a fin de que lleguemos a nacer dentro de su familia, formando parte de su Reino, heredando así su naturaleza divina para luego entrar a la paz, felicidad, gozo y gloria eternas.

En este artículo quiero enfocarme en esta primera ley del éxito, la del OBJETIVO CORRECTO, ya en futuros escritos abordaré el resto de las leyes de las que nos habla el señor Armstrong.

Mientras somos jóvenes es complicado concebir en su totalidad esta verdad, ya que consideramos que la vida, la energía y la juventud son ‘eternas’. Al tener el privilegio de ser llamados por Dios, nuestra perspectiva de la vida cambia radicalmente, porque nuestra debilidad humana es sustituida por la fe en nuestro Creador y Sustentador.

La perspectiva que el Eterno nos revela es que físicamente sólo somos una masa de materia ensamblada como una máquina, en la que nuestra existencia depende de elementos físicos como el oxígeno que inhalamos cada dos o tres segundos, luego es procesado por los pulmones, el corazón, y después es enviado al resto del cuerpo a través de las arterias. Si uno solo de esos elementos fallara… moriríamos irremediablemente.

Asimismo, nos es necesario ingerir alimentos dos a tres veces al día para tener energía, mientras el estómago, los intestinos y el hígado, filtran los nutrientes para eliminar las sustancias tóxicas, por lo que de fallar uno de estos órganos, corremos el riesgo de fallecer.

Somos una máquina perfecta, diseñada y creada por Dios, sin embargo, cada segundo que vivimos también es un segundo en el que corremos el riesgo de que nuestra máquina perfecta se detenga, falle, se rompa y muramos.

Está determinado que todos vamos a morir (Hebreos 9:27), pero espiritualmente lo que Dios nos revela es que nuestro asombroso potencial humano es convertirnos en hijos e hijas del Dios Eterno. Está en nosotros esforzarnos en que así sea, en enfocar nuestro OBJETIVO CORRECTO para alcanzar el éxito.

Las personas de este mundo están ocupadas en mantener de manera continua el cuerpo, una tarea ardua que llevan a cabo día a día, año tras año, sin más OBJETIVO que el disfrutar de confort, evitar el dolor y complacer los cinco sentidos. Casi todos los seres humanos están enfocados únicamente en las cosas físicas, en las cosas pasajeras del momento, que no perduran y pronto se esfuman.

El propósito de Dios es crear en los seres humanos, durante esta experiencia que llamamos vida, un carácter nuevo y perfecto, de modo que quienes seamos llamados por Dios y crezcamos en su carácter, recibamos vida eterna intrínseca, es decir, vida inherente a nuestro propio ser. “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”, Romanos 8:13.

Si el carácter mismo de Dios no se está formando y desarrollando en nuestra mente, remplazando la naturaleza humana por la de Cristo, no estamos en el camino hacia el verdadero objetivo.

El carácter de Dios se desarrolla con fundamento en la instrucción del verdadero conocimiento que proviene del Eterno mismo. Esta instrucción está basada en el conocimiento del propósito de Dios, de quién es Dios y de cómo vivir conforme a sus leyes divinas.

Jesucristo nos enseña que el hombre debe vivir según las palabras consignadas en la Biblia, la cual es nuestra guía para vivir, es NUESTRO LIBRO DE INSTRUCCIONES que Dios nos ha dado para enseñarnos cómo operar el mecanismo que somos nosotros.

Jóvenes, necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios, la Biblia, con el fin de averiguar en lo que estamos errados y permitir que Él nos corrija y nos oriente. Sólo así seremos instruidos en su camino de justicia.

Esta clase de vida cristiana a la que hemos sido llamados, la única y verdadera vida cristiana que se nos enseñan en la Iglesia de Dios, requiere de fervorosa diligencia. Por ello debemos de concentrarnos en esta meta. Debemos enfocarnos en nuestro OBJETIVO CORRECTO en la vida cristiana, porque sólo así alcanzaremos el éxito verdadero.

–Jorge Iván Garduño

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