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La segunda condición para alcanzar el éxito

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Por Jorge Ivan Garduño

Anteriormente, en este mismo espacio, escribí sobre la primera condición para alcanzar el éxito: fijarse el OBJETIVO CORRECTO, y es que para Dios tener un propósito es esencial, todo tiene un propósito específico, así que no es de extrañarse que ésta sea la primera condición para alcanzar el éxito.

Una vez que nos hemos fijado una meta u objetivo, el siguiente paso es dirigir nuestros esfuerzos en ello, y la única manera para la obtención triunfal de esa meta es aprender, EDUCARNOS, con el firme propósito de alcanzarla, porque la única manera para lograr nuestro objetivo se basa en adquirir la educación adecuada, el entrenamiento, la instrucción correcta y la experiencia que nos brinden esos conocimientos necesarios.

La EDUCACIÓN es vital para acceder a una vida de éxito, ya sea un ingeniero civil, un periodista, un banquero, o incluso un deportista, sólo por citar algunos ejemplos, debieron educarse para su profesión o vocación en particular, lo que les permite ser valorados dentro de su ramo profesional. Además, es bien sabido que entre más preparado esté un individuo, más oportunidades tiene de ascensos.

Un ejemplo de ello, y que lo encontramos en la Biblia, es de cuatro jóvenes del pueblo de Israel preparados “en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento” y solícitos en aprender letras y lenguas (idiomas), por lo que estos muchachos fueron llevados al palacio del rey Nabucodonosor, un gran honor que sería equiparable hoy en día con ser admitido para trabajar en el gobierno de los Estados Unidos, la Unión Europea o la ONU. Pero no sólo eso, sino además tener la encomienda de asesorar directamente al líder norteamericano o de una de esas organizaciones que cité.

Leamos esa escritura: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:3-4).

Es obvio que estos jóvenes israelitas (Daniel, Ananías, Misael y Azarías) tenían una gran EDUCACIÓN, misma que les permitió acceder para estar en el palacio del rey, ser provistos de alimentos, además de recibir más y mejor EDUCACIÓN, aunado a un reconocimiento importante dentro de la sociedad en la que vivieron.

Claro está que debieron enfrentar dificultades muy similares como las que se nos presentan en la actualidad, como decidir obedecer a Dios antes que a los hombres, temiendo ser “despedidos” o peor aún, muertos por desobedecer una instrucción directa del rey Nabucodonosor. Pero el Eterno miró con buenos ojos la fidelidad de Daniel y su decisión de no contaminarse con los alimentos del rey, por lo que fue bendecido y prosperado (Daniel 1:8-9), aunque también probado en diversos momentos de su vida.

Estos breves versículos nos dejan entender que la preparación profesional no está peleada en nada con las leyes de Dios, muy por el contrario, una buena preparación y conocimiento nos abre las puertas a oportunidades de éxito. Pero el éxito verdadero va de la mano con obedecer a nuestro Creador, a quien debemos poner siempre en primer lugar antes que a un profesor, un superior, un gobernante o el rey de toda una nación.

La verdadera educación proviene de Dios, por lo que debemos estar conscientes que la EDUCACIÓN que este mundo nos ofrece está pensada para adquirir posesiones, ser importantes, o bien para disfrutar de momentos pasajeros de nuestra existencia. Si bien no es malo adquirir este tipo de preparación, no debemos olvidar que “la EDUCACIÓN CORRECTA” debe enseñar que todas las cosas están sujetas a la ley de causa y efecto, debe hacer hincapié en el hecho de que por cada efecto o resultado, ya sea bueno o malo, existe una causa.

La EDUCACIÓN VERDADERA explica la causa de los males de este mundo, tanto de los problemas personales como de los colectivos, a fin de que puedan ser evitados. También debe instruir con respecto a la causa de los resultados buenos, a fin de que sepamos cómo cosechar el bien en lugar del mal. La EDUCACIÓN VERDADERA no sólo debe enseñarnos a vivir, sino que debe saber y enseñar el propósito de la vida humana y cómo cumplirlo.

La VERDADERA EDUCACIÓN sólo nos la provee Dios, una EDUCACIÓN que nos permitirá potencializar nuestras capacidades humanas que serán utilizadas en el venidero Reino de Dios, y que en la actualidad es enseñada por su Iglesia.

Al igual que los apóstoles fueron instruidos por Jesucristo, nosotros estamos siendo preparados ahora para tener la oportunidad de reinar junto con Cristo por mil años. Eduquémonos en ciencia y sabiduría, pero sobre todo en la sabiduría y conocimiento de Dios. Seamos diligentes en nuestra escuela o trabajo, pero seamos el doble de diligentes en las cosas de nuestro Creador.

“¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; No estará delante de los de baja condición”, (Proverbios 22:29).

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