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¿Somos Esclavos o Libres?

¿Somos Esclavos o Libres?

Cuando hablamos de esclavitud de inmediato pensamos en el hecho mismo de cuando una persona es forzada a trabajar injustamente o es presionada y hasta torturada a hacer aquello que no quiere hacer.

La palabra “esclavitud” de inmediato nos lleva a pensar en los años difíciles del pueblo de Israel en Egipto, en donde además de ser torturados trabajaban aparentemente solo por su ración de comida. Los niños mismos al llegar a cierta edad tenían que seguir el camino de sus padres en cuanto a los trabajos forzados bajo las amenazas y los golpes de los capataces. Para los padres debió haber sido aún más doloroso ver sufrir a sus hijos que la propia esclavitud en la que todos ellos vivían.

Cuando hablamos de esclavitud también pensamos en los años difíciles que se vivieron en el sur de los Estados Unidos, cuando muchas personas eran tratadas bruscamente, torturadas y hasta asesinadas por el solo hecho de no ser blancos.

La esclavitud descrita en los términos arriba mencionados lamentablemente ha existido en la historia humana desde sus inicios y tristemente todavía existe en nuestro mundo civilizado. Muchos jóvenes de ambos sexos y aun niñas y niños son obligados a prostituirse aún bajo amenazas de muerte. También en muchos países son forzados a trabajar por salarios paupérrimos o por solamente la comida.

Pero la esclavitud más extendida y en la cual casi nadie piensa es la esclavitud moral y espiritual en la cual nuestro mundo moderno vive. ¿No es acaso esclavitud cuando alguien dedica mucho de su tiempo a observar pornografía a través del Internet? ¿No es acaso esclavitud cuando alguien depende de las deudas para vivir y mantener un nivel de vida ficticio? ¿No es acaso esclavitud cuando alguien forzosamente tiene que fumar cierta cantidad de cigarrillos al día? ¿No es esclavitud cuando alguien tiene que beber alcohol para poder vivir o para ser aceptados socialmente? ¿No es esclavitud la compulsión por la comida?

La realidad es que esta esclavitud moral y emocional está cada vez más extendida en nuestro mundo civilizado y todos nosotros debemos estar en alerta para no caer en este tipo de esclavitud. Los jóvenes y las jovencitas en la Iglesia de Dios han sido llamados a ser libres, no esclavos de nada ni de nadie.

En Galatas 5:13 Dios dice: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

La verdadera libertad no viene cuando estamos rechazando las reglas y las leyes. La verdadera libertad viene cuando vivimos bajo las leyes establecidas. Nadie anda tras de nosotros para ponernos en la cárcel cuando nos portamos bien. De la misma manera, no existe esclavitud moral, espiritual o emocional cuando vivimos de acuerdo a las leyes de la prudencia y sobre todo cuando vivimos bajo las leyes de Dios.

En Santiago 1:25, Dios dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

Otro nombre que podríamos darle a la esclavitud moral, espiritual o emocional es: Adicción. La adicción a cualquier hábito o cosa es una esclavitud.

Notemos lo que Dios dice en Galatas 4:8-9 “Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?”

Dios está aquí enfatizando el hecho de que cuando estábamos sin el conocimiento de Él, algunos de nosotros éramos esclavos de algún tipo de adicción. Pero cuando Dios nos llamó a Su Verdad lo hizo para que nosotros dejáramos para siempre la esclavitud de nuestras pasiones, de nuestras mentes y de nuestros hábitos y además tuviéramos control de ellos sujetándolos a las leyes de Dios, la ley de la libertad, como Dios mismo la llama.

1 Corintios 6:9 “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

El hecho de que en el pasado algunos en la iglesia tuviéramos algún tipo de adicción como las mencionadas arriba por el apóstol Pablo de ninguna manera nos promete que nunca más podremos tener alguna de esas mismas adicciones. Por eso tenemos que estar aletas.

2 Pedro 2:17 “Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.”

Dios mismo está reconociendo la posibilidad de que alguien en la iglesia vuelva a caer en malos hábitos o adicciones que antes lo habían esclavizado.

El mundo con sus pasiones trata de seducir y de esclavizar de nuevo a aquellos que habían huido de toda esclavitud debido al sacrificio de Jesucristo y al lavamiento de la Palabra de Dios. Esto indica que aun jóvenes y adultos de la iglesia de Dios están siendo presionados a caer en esclavitud emocional o moral y aun algunos pueden caer en ello.

¿Cómo podemos nosotros como cristianos detectar una adicción en nuestras vidas?

Primero debemos decir que una adicción no es un pecado ocasional. El pecado ocasional todos los cometemos. Pero una adicción es un pecado prolongado, constante, dominante que nos esta esclavizando debido a que le hemos dado cabida en la mente hasta llegar al grado de no poder dominarlo y llega a transformarse en una adicción.

Notemos lo que dice Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

Ciertamente ninguno de nosotros en la Iglesia de Dios debemos pecar. No debemos ceder a la tentación. Debemos luchar en contra de nuestra mente y de nuestras pasiones y pensamientos para no ceder a la tentación.

El problema surge cuando ya hemos cedido tanto a la tentación que aquella debilidad se transforma en una adicción o en una Esclavitud. La adicción por tanto es un problema espiritual y moral, pero puede también llegar a ser un problema físico. El alcohol, por ejemplo, llega a ser una adicción emocional, moral, espiritual, pero también física porque provoca una enfermedad. Aunque vale la pena decir que muchas de las adicciones no necesariamente provocan un problema físico también.

¿Cómo podemos detectar que tenemos una adicción? Me gustaría hacer algunas preguntas para reflexionar y determinar si tenemos o no este problema. ¿Has tratado de dejar un mal hábito por una semana sin haber podido cumplir el plazo? ¿El pensamiento o la conciencia de hacer algo malo te presiona por dentro demasiado? ¿Te sientes derrotado y humillado cuando ha llevado a la acción ese mal hábito? ¿Te fastidian los consejos de otras personas cuando tocan el tema contra el cual estás luchando? ¿Tienes envidia sana de las personas que no tienen la adicción contra la cual estás luchando? ¿Persistes en decir que puedes dejar esta adición en el momento que quieras? ¿Has pensado que llevaría una vida mejor si acaso no tuvieras esta adicción?

Todas esas preguntas son para reflexionar y también para deducir si nosotros estamos con algún tipo de adicción.

¿Qué podemos hacer ante una adicción?

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer humildemente que tenemos un problema. Nadie puede luchar contra una adicción mientras no crea que es un problema.

Cuando hemos reconocido que tenemos un problema, enseguida debemos reconocer que debido a que es algo emocional, espiritual y moral a la vez, nosotros no podemos resolverlo solos. Necesitamos ayuda espiritual. Notemos lo que Pablo decía en Romanos 7:14 “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.”

El apóstol Pablo sabía cómo se deben enfrentar los problemas de carácter espiritual: Reconociendo primero que existe un problema. Y por lo tanto necesitamos muchísimo de la ayuda de Dios. Aquí debemos con honestidad pedirle a Dios que nos ayude a vencer ese hábito que está afectando nuestra vida espiritual. En este mismo punto debemos considerar lo siguiente: Los malos hábitos y las adicciones surgen en la mente. Notemos lo que dice el apóstol en Santiago 4:1 “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Teniendo en consideración este factor, cuando surge el pensamiento de hacer lo incorrecto, es necesario arrodillarse en ese mismo momento para pedirle a Dios que cambie el pensamiento. Por nosotros mismos, con nuestro propio esfuerzo no podemos cambiar el pensamiento y menos cuando se ha hecho un mal hábito o una adicción. Dios puede cambiarnos el pensamiento. Dios puede y quiere que seamos libres de toda esclavitud.

En tercer lugar también necesitamos la ayuda de otros. Una de las partes más efectivas en la lucha contra el alcohol es reunirse con algún grupo de alcohólicos anónimos para hablar del tema abiertamente. De la misma manera nosotros debemos escoger a algún amigo o amigos de mucha confianza para hablar del tema y que ellos nos pongan presión positiva para poder vencer nuestro problema.

Por otro lado, si consideramos que necesitamos ayuda especializada ante esta adicción, es apropiado consultar a las personas indicadas.

Finalmente nosotros mismos debemos hacer nuestra parte con todas nuestras fuerzas. Debemos aplicar esfuerzo personal y convicción personal para no caer en el hábito de nuevo. Debemos ser conscientes que tenemos esa debilidad y por lo tanto debemos alejarnos de todo ambiente que alimente el pensamiento equivocado.

Vivimos en un mundo lleno de esclavitud moral y espiritual. Nuestra sociedad moderna está llena de adiciones de todo tipo. La presión es muy fuerte sobre los jóvenes que quieren hacer las cosas correctamente. Hagamos todo lo que este de nuestra parte por no caer en ninguna clase de adicción que pueda destruir nuestro fruto inmediato y a largo plazo. Los que están en alguna adicción, esfuércense por salir de ella siguiendo los pasos apropiados, algunos de los cuales han sido mencionados.

Hemos sido llamados a ser libres, libres de las consecuencias de los errores, pecados y adicciones de esta sociedad. Tenemos las armas para ser libres.

¡Que Dios nos ayude a obtener esta clase de libertad!

— Por Saúl Langarica

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